Rasgos comunes en los grandes líderes de la historia
Por Eduardo Olivares Pérez
Por Eduardo Olivares Pérez
Sin duda hay muchísimos hombres y mujeres a quienes por su liderazgo se les pudiera catalogar como protagonistas a lo largo de la historia de la humanidad. Podría incluso afirmarse que ellos escribieron en su momento la historia al determinar el rumbo de ésta.
Se puede considerar a un Gran Líder de la historia a quien en la biografía de su vida se pueden destacar sus ideas, sus hechos, pero fundamentalmente su impacto en su entorno, o en alguna esfera del quehacer humano, llámese sociedad, cultura, entre otras. Cada líder ha estado marcado particularmente por determinado tiempo, lugar, y circunstancias, por lo general coyunturales en cada caso, y en especial por su aportación y legado que han dejado a su paso. Es complejo determinar quienes han sido grandes líderes de la historia, porque al evaluarlos por lo general esto es desde la óptica de otra época, contexto y cultura. Hay grandes líderes que en su propio tiempo no fueron aceptados o valorados, pero que al paso del tiempo adquirieron reconocimiento.
Revisando y analizando las biografías de grandes líderes de la historia, podemos distinguir rasgos comunes en la mayoría de ellos. A continuación se señalan los más relevantes:
El Gran Líder tiene una Visión -y ésta por lo general es grande-.
Una persona para lograr algo, primero tiene que imaginárselo, soñarlo, por ejemplo un mejor mañana que su condición imperante en algún aspecto específico, y esto se puede convertir en el motor, el combustible, en la motivación de su actuar y vivir. Una visión suficientemente clara y grande en una persona, genera un anhelo y pasión por lograrla, que no existe prácticamente poder humano que pueda impedir el logro de la misma, aun a costa de la propia vida. Hay innumerables ejemplos de líderes que ofrendaron su vida en aras de alcanzar ese sueño para beneficio de otros. La visión por lo general ha surgido de necesidades, retos, condiciones por cambiar, y en todos los casos ha sido para beneficiar a otras personas.
El gran Líder tiene pasión.
Ningún gran líder de la historia se ha caracterizado por ser indiferente, apático, lerdo. Esta clase de personas son movidas con una pasión -que normalmente se desprende de su visión-, que origina que su actuar sea pleno de energía, emociones, sentimientos, utilizando un persuasivo lenguaje oral, escrito o corporal. Toda su atención, energía, inteligencia, talento, y disciplina lo aplica en la búsqueda y consecución de su visión.
El Gran Líder está atento a aprovechar las oportunidades que le dan su momento y circunstancia.
Muchos de los grandes líderes de la historia, no lo serían tanto si no hubieran aprovechado las condiciones particulares que les tocó vivir, primero tomaron conciencia de su circunstancia, y decidieron actuar para aprovechar el momento coyuntural y llevar a cabo su reto, desafío, empresa.
El Gran Líder inspira a quienes lo rodean - y sabe rodearse de las personas adecuadas-.
Sin duda, el arte de influir -más bien es inspirar- a los demás es la cereza del pastel en la vida de los grandes hombres y mujeres de la humanidad. Por sí solos, difícilmente estos líderes hubieran trascendido en la historia. Su aportación o influencia está dada, traducida, en como actuaron los demás ante su influencia. No hablamos aquí propiamente de estilos de liderazgo, más bien nos referimos a la esencia, a esa convicción, ideales, valores, principios, que se logra transmitir a los otros. Seleccionar a las personas que acompañarán al líder durante su empresa, es crucial. A lo largo de la historia hemos visto buenos y malos ejemplos, por un lado quienes apoyaron de manera determinante al líder, y/o continuaron su obra, y por otro las traiciones y conductas deleznables de algunos seguidores -miedo, pereza, cobardía, etc.- que afectaron al líder.
El Gran Líder es innovador.
A la mayoría de los líderes de la historia los recordamos porque aportaron, lograron, propusieron; ideas, proyectos, obras, resultados, que pocos o nadie habían alcanzado antes que ellos. Los grandes hombres no andan sobre caminos trillados, van creando sus propios caminos, abriendo sus propias brechas, en el andar hacia alcanzar su visión. Esta clase de personas, han cambiado paradigmas, roto esquemas y moldes limitativos, remado contra la corriente, y nunca se arredraron ante los obstáculos y las dificultades.
Un Gran Líder se prepara para serlo.
Analizando las biografías de grandes líderes de la historia, encontramos en casi todos, que tuvieron un período de preparación, de adquirir y asimilar conocimientos, vivencias, experiencias, y que en base a esto llegado el momento emergieron para dar lo mejor de sí procurando alcanzar su visión. Pocos o ninguno encontraremos que fueron espontáneos y sin preparación previa, las personas que así lo pretendieron, pagaron el precio al no lograr nada perdiéndose en el anonimato de la historia.
El Gran Líder está deseoso de cambiar una situación, satisfacer una necesidad.
La razón por la que se necesitan líderes, es la necesidad del cambio -para bien por supuesto-. El Líder toma conciencia de una determinada situación, condición, necesidad, y procura ser él quien dé el primer paso, abandere la iniciativa, trabaje con otros, hasta lograr el cambio positivo. Para esto se requiere inteligencia, carácter, conocimiento, astucia, pero sobre todo valor, para actuar e ir por delante, todo esto condimentado por un sentido de urgencia y apremio.
El Gran Líder es humilde y sirve a otros.
Una característica importante en los líderes genuinos ha sido su humildad, que no se debe entender o confundir con la falsa modestia, o ser blandengue y apocado. Por esa humildad su móvil no es la búsqueda de protagonismo, reconocimiento, el beneficio propio, sino por el contrario, todo su quehacer gira alrededor de su interés en servir a otros, beneficiarlos, así se realiza el líder, trasciende, su vida adquiere sentido y significancia, aplicando sus dones, talentos, habilidades, y capacidades, al servicio de los demás. La humildad y el servicio a otros provienen del amor; a Dios, al prójimo, a su nación. El gran líder es una persona que tiene al amor como un valor, un principio, un móvil.
Después de haber analizado las características más importantes de los Grandes Líderes de la historia de la humanidad, encontramos que fueron en su mayoría personas normales, ordinarias, que ante los retos, desafíos, necesidades, detonaron su potencial, despertaron, actuaron, emergiendo como verdaderos gigantes realizando cosas extraordinarias. Actualmente es muy fácil y cómodo juzgar y criticar a los demás -casi siempre sin proponer-; se critica a gobernantes, políticos, directivos de organizaciones. Mejor juzguémonos a nosotros mismos, cuestionémonos existencialmente: ¿lo que estoy haciendo trascenderá en la historia?, ¿cuál será mi legado cuando ya no esté presente?, ¿cambié para bien alguna condición o situación?, ¿resolví alguna necesidad? Una frase muy conocida reza que quien no vive para servir no sirve para vivir.
Quizás está próximo nuestro momento y circunstancia para emerger como líderes, emprender grandes retos, aventuras, abrazando una visión y un sueño en beneficio de esta generación -y quizás subsecuentes-, que sean verdadera razón de vivir, y que justifiquen inclusive morir. Un hombre sin ideales, sin pasión en su actuar y vivir, es alguien que probablemente está desperdiciando su existencia. Thomas Carlyle, célebre ensayista e historiador escocés, escribió que la historia del mundo es más que nada la biografía de los grandes hombres. Preguntémonos que historia estamos escribiendo ahora mismo cada uno de nosotros.
Se puede considerar a un Gran Líder de la historia a quien en la biografía de su vida se pueden destacar sus ideas, sus hechos, pero fundamentalmente su impacto en su entorno, o en alguna esfera del quehacer humano, llámese sociedad, cultura, entre otras. Cada líder ha estado marcado particularmente por determinado tiempo, lugar, y circunstancias, por lo general coyunturales en cada caso, y en especial por su aportación y legado que han dejado a su paso. Es complejo determinar quienes han sido grandes líderes de la historia, porque al evaluarlos por lo general esto es desde la óptica de otra época, contexto y cultura. Hay grandes líderes que en su propio tiempo no fueron aceptados o valorados, pero que al paso del tiempo adquirieron reconocimiento.
Revisando y analizando las biografías de grandes líderes de la historia, podemos distinguir rasgos comunes en la mayoría de ellos. A continuación se señalan los más relevantes:
El Gran Líder tiene una Visión -y ésta por lo general es grande-.
Una persona para lograr algo, primero tiene que imaginárselo, soñarlo, por ejemplo un mejor mañana que su condición imperante en algún aspecto específico, y esto se puede convertir en el motor, el combustible, en la motivación de su actuar y vivir. Una visión suficientemente clara y grande en una persona, genera un anhelo y pasión por lograrla, que no existe prácticamente poder humano que pueda impedir el logro de la misma, aun a costa de la propia vida. Hay innumerables ejemplos de líderes que ofrendaron su vida en aras de alcanzar ese sueño para beneficio de otros. La visión por lo general ha surgido de necesidades, retos, condiciones por cambiar, y en todos los casos ha sido para beneficiar a otras personas.
El gran Líder tiene pasión.
Ningún gran líder de la historia se ha caracterizado por ser indiferente, apático, lerdo. Esta clase de personas son movidas con una pasión -que normalmente se desprende de su visión-, que origina que su actuar sea pleno de energía, emociones, sentimientos, utilizando un persuasivo lenguaje oral, escrito o corporal. Toda su atención, energía, inteligencia, talento, y disciplina lo aplica en la búsqueda y consecución de su visión.
El Gran Líder está atento a aprovechar las oportunidades que le dan su momento y circunstancia.
Muchos de los grandes líderes de la historia, no lo serían tanto si no hubieran aprovechado las condiciones particulares que les tocó vivir, primero tomaron conciencia de su circunstancia, y decidieron actuar para aprovechar el momento coyuntural y llevar a cabo su reto, desafío, empresa.
El Gran Líder inspira a quienes lo rodean - y sabe rodearse de las personas adecuadas-.
Sin duda, el arte de influir -más bien es inspirar- a los demás es la cereza del pastel en la vida de los grandes hombres y mujeres de la humanidad. Por sí solos, difícilmente estos líderes hubieran trascendido en la historia. Su aportación o influencia está dada, traducida, en como actuaron los demás ante su influencia. No hablamos aquí propiamente de estilos de liderazgo, más bien nos referimos a la esencia, a esa convicción, ideales, valores, principios, que se logra transmitir a los otros. Seleccionar a las personas que acompañarán al líder durante su empresa, es crucial. A lo largo de la historia hemos visto buenos y malos ejemplos, por un lado quienes apoyaron de manera determinante al líder, y/o continuaron su obra, y por otro las traiciones y conductas deleznables de algunos seguidores -miedo, pereza, cobardía, etc.- que afectaron al líder.
El Gran Líder es innovador.
A la mayoría de los líderes de la historia los recordamos porque aportaron, lograron, propusieron; ideas, proyectos, obras, resultados, que pocos o nadie habían alcanzado antes que ellos. Los grandes hombres no andan sobre caminos trillados, van creando sus propios caminos, abriendo sus propias brechas, en el andar hacia alcanzar su visión. Esta clase de personas, han cambiado paradigmas, roto esquemas y moldes limitativos, remado contra la corriente, y nunca se arredraron ante los obstáculos y las dificultades.
Un Gran Líder se prepara para serlo.
Analizando las biografías de grandes líderes de la historia, encontramos en casi todos, que tuvieron un período de preparación, de adquirir y asimilar conocimientos, vivencias, experiencias, y que en base a esto llegado el momento emergieron para dar lo mejor de sí procurando alcanzar su visión. Pocos o ninguno encontraremos que fueron espontáneos y sin preparación previa, las personas que así lo pretendieron, pagaron el precio al no lograr nada perdiéndose en el anonimato de la historia.
El Gran Líder está deseoso de cambiar una situación, satisfacer una necesidad.
La razón por la que se necesitan líderes, es la necesidad del cambio -para bien por supuesto-. El Líder toma conciencia de una determinada situación, condición, necesidad, y procura ser él quien dé el primer paso, abandere la iniciativa, trabaje con otros, hasta lograr el cambio positivo. Para esto se requiere inteligencia, carácter, conocimiento, astucia, pero sobre todo valor, para actuar e ir por delante, todo esto condimentado por un sentido de urgencia y apremio.
El Gran Líder es humilde y sirve a otros.
Una característica importante en los líderes genuinos ha sido su humildad, que no se debe entender o confundir con la falsa modestia, o ser blandengue y apocado. Por esa humildad su móvil no es la búsqueda de protagonismo, reconocimiento, el beneficio propio, sino por el contrario, todo su quehacer gira alrededor de su interés en servir a otros, beneficiarlos, así se realiza el líder, trasciende, su vida adquiere sentido y significancia, aplicando sus dones, talentos, habilidades, y capacidades, al servicio de los demás. La humildad y el servicio a otros provienen del amor; a Dios, al prójimo, a su nación. El gran líder es una persona que tiene al amor como un valor, un principio, un móvil.
Después de haber analizado las características más importantes de los Grandes Líderes de la historia de la humanidad, encontramos que fueron en su mayoría personas normales, ordinarias, que ante los retos, desafíos, necesidades, detonaron su potencial, despertaron, actuaron, emergiendo como verdaderos gigantes realizando cosas extraordinarias. Actualmente es muy fácil y cómodo juzgar y criticar a los demás -casi siempre sin proponer-; se critica a gobernantes, políticos, directivos de organizaciones. Mejor juzguémonos a nosotros mismos, cuestionémonos existencialmente: ¿lo que estoy haciendo trascenderá en la historia?, ¿cuál será mi legado cuando ya no esté presente?, ¿cambié para bien alguna condición o situación?, ¿resolví alguna necesidad? Una frase muy conocida reza que quien no vive para servir no sirve para vivir.
Quizás está próximo nuestro momento y circunstancia para emerger como líderes, emprender grandes retos, aventuras, abrazando una visión y un sueño en beneficio de esta generación -y quizás subsecuentes-, que sean verdadera razón de vivir, y que justifiquen inclusive morir. Un hombre sin ideales, sin pasión en su actuar y vivir, es alguien que probablemente está desperdiciando su existencia. Thomas Carlyle, célebre ensayista e historiador escocés, escribió que la historia del mundo es más que nada la biografía de los grandes hombres. Preguntémonos que historia estamos escribiendo ahora mismo cada uno de nosotros.
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