El legado de Liderazgo
Por Eduardo Olivares Pérez
Por Eduardo Olivares Pérez
En diversas ocasiones he escrito sobre la razón de ser del liderazgo y su trascendencia, en otras he tratado de describir las características distintivas y comunes de los grandes líderes, la diferenciación entre el liderazgo convencional y el liderazgo genuino. Recapitulando en unas cuantas líneas, hemos anotado que Liderazgo es influenciar mediante la inspiración que produce una visión conveniente que tiene que ver con un propósito noble, a fin de alcanzar esta en beneficio de otros -muchos-, el liderazgo solo puede darse cuando hay una visión, de nuevas y mejores realidades, de beneficio a los demás.
Los grandes líderes son por lo general gente ordinaria, que en situaciones de necesidad, crisis, retos, desafíos, emergen y realizan cosas extraordinarias. Los líderes hemos dicho nacen y se hacen, porque todos nacemos con un potencial inherente de liderazgo, que necesita ser descubierto, desarrollado, y ejercido. El liderazgo parte de una reflexión existencial, derivado de descubrir el propósito para la vida, la razón de vivir, el deseo de trascender, de dejar nuestra aportación mediante nuestros dones, talentos, habilidades y capacidades. Una persona solo se realiza cuando está convencido que está haciendo lo pertinente para dar cumplimiento a esto, propósito y visión para su vida. La ruta corta del liderazgo es el servicio; a Dios, a la familia, al semejante, a la nación, etc., y tiene como trasfondo, como móvil, el amor.
Ahora deseo abordar el tema del líder como persona, su influencia en el ejercicio de su liderazgo en aquellos que le rodean. El líder lo quiera o no, tiene una gran responsabilidad con todos los que interactúa, esto respecto a la influencia que ejerce sobre los demás, que puede ser positiva -que sería lo deseable- o lo contrario. Ken Blanchard -prolífico autor de material de liderazgo- refiere a manera de ilustración que constantemente le pregunta a la gente si le gustaría que su paso por el mundo hiciera de éste un mejor lugar. Todos sonríen y dicen "Claro que sí". Luego pregunta: ¿Cual es su plan para lograrlo? Nueve de cada diez personas ríen porque es seguro que no tienen ningún plan. El asunto es que todos podemos hacer del mundo un mejor lugar mediante las incontables decisiones cotidianas que tomamos en nuestro trato con la gente.
Cada instante de la vida es en realidad una oportunidad para influir positivamente en la vida de otros. Cualquier interacción con conocidos o extraños es una posibilidad de darnos, de ser una verdadera bendición para los demás. Independientemente del cargo o posición, títulos académicos, currículum, la influencia que ejerzamos dependerá de cómo actuemos en cada momento, lo que digamos a los demás, la forma como lo digamos y el sentimiento que dejemos en ellos cuando nos marchemos, este es y será nuestro legado de liderazgo.
No es opcional, todos dejaremos un legado de liderazgo. La gran pregunta es qué tipo de legado habremos dejado a nuestro paso por un puesto, un lugar, una organización. El legado de liderazgo no tiene en realidad que ver con el cargo o puesto que se desempeñe, sino más bien con la clase de persona que uno es. Los grandes líderes no consiguen resultados por el solo hecho de ocupar un cargo, sino porque los respetan y confían en ellos.
Resulta increíble que hay quienes están en una posición de liderazgo, pero tienen la brújula mental y existencial perdida. Se les suben los humos, pierden el piso, consideran estar rodeados de ineptos e incompetentes, se sienten facultados para denigrar, humillar, haciendo de la prepotencia y arrogancia casi un arte perverso, y estúpidamente piensan o aun dicen que están en esa posición para complacer a sus jefes y procurar quedar bien con ellos, para servirse de los puestos, no para servir ni hacer y dejar amigos. Este patético "estilo" de liderazgo produce tensión, estrés, angustia, frustración, y resentimiento, en cuanto a los resultados, pudieran funcionar por un tiempo estos esquemas, pero la historia y los ejemplos nos muestran que aplicando la ley del garrote más temprano que tarde se paga la factura.
Los resultados se caen, no hay inspiración, compromiso, no hay lealtad, iniciativa, y cuando mucho los colaboradores se concretan a hacer lo mínimo requerido. Cuando el directivo prepotente se va -porque los puestos no son eternos-, cosecha entonces la indiferencia de quienes fueron sus colaboradores, o peor aun el desprecio, en el extremo de los casos actos de revancha cuando se da la oportunidad, la vida da muchas vueltas, y en esas vueltas trae muchas sorpresas. Lo que un líder logra, se debe única y exclusivamente al trabajo de su equipo, sus colaboradores, el líder sin un equipo es como un general sin ejército.
El buen líder no se sirve de ellos como objetos o medios, sino como miembros del mismo equipo, su familia, obtiene logros con ellos -no a través de ellos-. Por lo tanto un ingrediente clave consiste en concentrarse en las personas en quienes se quiere ejercer influencia, hay que conectarse con ellas. Conectarse significa entender las motivaciones de las personas, captar con empatía los puntos de vista de los demás, hablar de igual a igual con la gente, alabar públicamente a los demás por sus éxitos, reprender en privado, atraer la atención de la gente. Por otra parte, el líder debe dar impulso a los sueños y visiones propias, de la organización, y de su gente, la visión provee dirección, inspira, promueve la entrega total a esa visión.
Aquí se trata de ayudar a que "vean" el sueño -que vean lo que físicamente aun no se ve-: hacer preguntas acerca de los sueños, analizar los obstáculos, tomar en cuenta los detalles, idear maneras para lograr alcanzar el sueño, comprometerse con el sueño, tener pasión, optimismo y gusto por ir tras un sueño. Usted y yo, aun sin pretenderlo, mediante los encuentros formales e informales con otras personas, estamos dejando una huella -muchas veces imborrable- en la vida de esas personas. La pregunta es: ¿Qué clase de huella estoy dejando en quienes interactúan conmigo? Eso precisamente es el legado de liderazgo, es todo lo que una persona hace y que influye en la vida de los demás directa o indirectamente, explícita o implícitamente.
El comportamiento del líder es lo que define su legado. El legado se construye de las pequeñas interacciones de todos los días, la manera como se viva un legado puede enaltecer el espíritu de los demás, motivándolos para que su vida o sus actos sean mejores de lo que creían posible, o por el contrario se puede desmotivarlos y producir un efecto totalmente adverso. El verdadero líder, es aquel que se atreve a ser una persona, no un cargo o puesto, -los puestos son pasajeros, la condición humana prevalecerá más allá de los cargos-, se atreven a conectarse con los demás, y se atreven a dar impulso a los sueños.
Quizás usted nunca se ha puesto a pensar que efecto ha tenido sobre los demás, sería interesante que reflexionara al respecto, posiblemente ha influido para bien o para mal en más personas de las que se imagina. Debemos estar conscientes en que influimos de alguna manera en quienes nos rodean -y esto aplica al pasado, presente, y futuro-. Procuremos influir positivamente, atreviéndonos a dejar un legado de liderazgo, que un día se acuerden de nosotros por la calidad de personas que percibieron de nuestro actuar, no por los puestos, cargos, poder, etc. Lo importante es cómo se comporta uno y como trata a la gente, es un asunto de atreverse a ser una persona, no un cargo, nuestro cargo no inspira a las personas ni influye genuinamente en ellas, pero nuestras acciones si lo hacen, importa cultivar a la persona que hay detrás del cargo.
El verdadero líder tiene seguridad en sí mismo pero sin dejar de ser humilde, conserva la calma en los momentos difíciles sin explotar ni buscar culpables, controla su ego pero no es conformista, admite sus errores y se hace responsable de sus actos, se rodea de personas expertas y talentosas, demuestra su respeto por las personas de todos los niveles, cumple su palabra, es honesto, entre otras características. Finalmente, todos dejaremos un legado, bueno o malo, pareciera necio preguntar qué tipo de legado deseamos dejar, pero es necesario hacerlo. Ojalá decidamos dejar un legado bueno, una influencia positiva en quienes interactuaron con nosotros, colaboradores o no, y no se trata solo de querer o desear, se trata de actuar, ir más allá de las buenas intenciones de las que están llenas los panteones –cementerios-, y con nuestra vida hacer una diferencia para bien en nuestra generación. Las personas, la historia, nos recordarán, dependerá de nosotros de qué manera lo harán.
Los grandes líderes son por lo general gente ordinaria, que en situaciones de necesidad, crisis, retos, desafíos, emergen y realizan cosas extraordinarias. Los líderes hemos dicho nacen y se hacen, porque todos nacemos con un potencial inherente de liderazgo, que necesita ser descubierto, desarrollado, y ejercido. El liderazgo parte de una reflexión existencial, derivado de descubrir el propósito para la vida, la razón de vivir, el deseo de trascender, de dejar nuestra aportación mediante nuestros dones, talentos, habilidades y capacidades. Una persona solo se realiza cuando está convencido que está haciendo lo pertinente para dar cumplimiento a esto, propósito y visión para su vida. La ruta corta del liderazgo es el servicio; a Dios, a la familia, al semejante, a la nación, etc., y tiene como trasfondo, como móvil, el amor.
Ahora deseo abordar el tema del líder como persona, su influencia en el ejercicio de su liderazgo en aquellos que le rodean. El líder lo quiera o no, tiene una gran responsabilidad con todos los que interactúa, esto respecto a la influencia que ejerce sobre los demás, que puede ser positiva -que sería lo deseable- o lo contrario. Ken Blanchard -prolífico autor de material de liderazgo- refiere a manera de ilustración que constantemente le pregunta a la gente si le gustaría que su paso por el mundo hiciera de éste un mejor lugar. Todos sonríen y dicen "Claro que sí". Luego pregunta: ¿Cual es su plan para lograrlo? Nueve de cada diez personas ríen porque es seguro que no tienen ningún plan. El asunto es que todos podemos hacer del mundo un mejor lugar mediante las incontables decisiones cotidianas que tomamos en nuestro trato con la gente.
Cada instante de la vida es en realidad una oportunidad para influir positivamente en la vida de otros. Cualquier interacción con conocidos o extraños es una posibilidad de darnos, de ser una verdadera bendición para los demás. Independientemente del cargo o posición, títulos académicos, currículum, la influencia que ejerzamos dependerá de cómo actuemos en cada momento, lo que digamos a los demás, la forma como lo digamos y el sentimiento que dejemos en ellos cuando nos marchemos, este es y será nuestro legado de liderazgo.
No es opcional, todos dejaremos un legado de liderazgo. La gran pregunta es qué tipo de legado habremos dejado a nuestro paso por un puesto, un lugar, una organización. El legado de liderazgo no tiene en realidad que ver con el cargo o puesto que se desempeñe, sino más bien con la clase de persona que uno es. Los grandes líderes no consiguen resultados por el solo hecho de ocupar un cargo, sino porque los respetan y confían en ellos.
Resulta increíble que hay quienes están en una posición de liderazgo, pero tienen la brújula mental y existencial perdida. Se les suben los humos, pierden el piso, consideran estar rodeados de ineptos e incompetentes, se sienten facultados para denigrar, humillar, haciendo de la prepotencia y arrogancia casi un arte perverso, y estúpidamente piensan o aun dicen que están en esa posición para complacer a sus jefes y procurar quedar bien con ellos, para servirse de los puestos, no para servir ni hacer y dejar amigos. Este patético "estilo" de liderazgo produce tensión, estrés, angustia, frustración, y resentimiento, en cuanto a los resultados, pudieran funcionar por un tiempo estos esquemas, pero la historia y los ejemplos nos muestran que aplicando la ley del garrote más temprano que tarde se paga la factura.
Los resultados se caen, no hay inspiración, compromiso, no hay lealtad, iniciativa, y cuando mucho los colaboradores se concretan a hacer lo mínimo requerido. Cuando el directivo prepotente se va -porque los puestos no son eternos-, cosecha entonces la indiferencia de quienes fueron sus colaboradores, o peor aun el desprecio, en el extremo de los casos actos de revancha cuando se da la oportunidad, la vida da muchas vueltas, y en esas vueltas trae muchas sorpresas. Lo que un líder logra, se debe única y exclusivamente al trabajo de su equipo, sus colaboradores, el líder sin un equipo es como un general sin ejército.
El buen líder no se sirve de ellos como objetos o medios, sino como miembros del mismo equipo, su familia, obtiene logros con ellos -no a través de ellos-. Por lo tanto un ingrediente clave consiste en concentrarse en las personas en quienes se quiere ejercer influencia, hay que conectarse con ellas. Conectarse significa entender las motivaciones de las personas, captar con empatía los puntos de vista de los demás, hablar de igual a igual con la gente, alabar públicamente a los demás por sus éxitos, reprender en privado, atraer la atención de la gente. Por otra parte, el líder debe dar impulso a los sueños y visiones propias, de la organización, y de su gente, la visión provee dirección, inspira, promueve la entrega total a esa visión.
Aquí se trata de ayudar a que "vean" el sueño -que vean lo que físicamente aun no se ve-: hacer preguntas acerca de los sueños, analizar los obstáculos, tomar en cuenta los detalles, idear maneras para lograr alcanzar el sueño, comprometerse con el sueño, tener pasión, optimismo y gusto por ir tras un sueño. Usted y yo, aun sin pretenderlo, mediante los encuentros formales e informales con otras personas, estamos dejando una huella -muchas veces imborrable- en la vida de esas personas. La pregunta es: ¿Qué clase de huella estoy dejando en quienes interactúan conmigo? Eso precisamente es el legado de liderazgo, es todo lo que una persona hace y que influye en la vida de los demás directa o indirectamente, explícita o implícitamente.
El comportamiento del líder es lo que define su legado. El legado se construye de las pequeñas interacciones de todos los días, la manera como se viva un legado puede enaltecer el espíritu de los demás, motivándolos para que su vida o sus actos sean mejores de lo que creían posible, o por el contrario se puede desmotivarlos y producir un efecto totalmente adverso. El verdadero líder, es aquel que se atreve a ser una persona, no un cargo o puesto, -los puestos son pasajeros, la condición humana prevalecerá más allá de los cargos-, se atreven a conectarse con los demás, y se atreven a dar impulso a los sueños.
Quizás usted nunca se ha puesto a pensar que efecto ha tenido sobre los demás, sería interesante que reflexionara al respecto, posiblemente ha influido para bien o para mal en más personas de las que se imagina. Debemos estar conscientes en que influimos de alguna manera en quienes nos rodean -y esto aplica al pasado, presente, y futuro-. Procuremos influir positivamente, atreviéndonos a dejar un legado de liderazgo, que un día se acuerden de nosotros por la calidad de personas que percibieron de nuestro actuar, no por los puestos, cargos, poder, etc. Lo importante es cómo se comporta uno y como trata a la gente, es un asunto de atreverse a ser una persona, no un cargo, nuestro cargo no inspira a las personas ni influye genuinamente en ellas, pero nuestras acciones si lo hacen, importa cultivar a la persona que hay detrás del cargo.
El verdadero líder tiene seguridad en sí mismo pero sin dejar de ser humilde, conserva la calma en los momentos difíciles sin explotar ni buscar culpables, controla su ego pero no es conformista, admite sus errores y se hace responsable de sus actos, se rodea de personas expertas y talentosas, demuestra su respeto por las personas de todos los niveles, cumple su palabra, es honesto, entre otras características. Finalmente, todos dejaremos un legado, bueno o malo, pareciera necio preguntar qué tipo de legado deseamos dejar, pero es necesario hacerlo. Ojalá decidamos dejar un legado bueno, una influencia positiva en quienes interactuaron con nosotros, colaboradores o no, y no se trata solo de querer o desear, se trata de actuar, ir más allá de las buenas intenciones de las que están llenas los panteones –cementerios-, y con nuestra vida hacer una diferencia para bien en nuestra generación. Las personas, la historia, nos recordarán, dependerá de nosotros de qué manera lo harán.
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